La lista completa, sin adornos, de lo que hoy está funcionando. Agrupada por quién lo usa, porque no es lo mismo lo que necesita un vecino que lo que necesita la mesa directiva.
Lo que trae en el teléfono quien vive ahí. Sin instalar nada: se abre en el navegador y se puede dejar en la pantalla de inicio como cualquier app.
El panel desde el que se administra el fraccionamiento. Es donde vive la parte que casi ningún sistema de accesos resuelve: el dinero y la evidencia.
Pensado para una tablet: botones grandes, sin desplazamiento horizontal, y con lo que el guardia necesita a un toque.
Todo lo de arriba viene incluido. Estos cuatro módulos se agregan solo si el fraccionamiento los quiere, y se activan el mismo día, sin instalar nada.
El residente comparte una liga y el visitante entra solo al llegar. Incluye el pase de reparto de 60 minutos. Sin el módulo, la visita entra con su código o su QR.
Además de la app, el residente recibe por WhatsApp la autorización de visitas, la entrada y salida de sus invitados, la paquetería y los servicios públicos, como el camión de basura. Sin el módulo, todo eso le llega igual por la app.
Un enlace para todos los invitados de una reunión: cada quien se registra solo, recibe su QR y el anfitrión ve quién llegó contra su aforo.
Puntos de control con QR, horarios programados y el recorrido del guardia con foto y ubicación, en un reporte para el comité.
El precio de cada uno sale en la cotización en línea.
Sí, con estas condiciones. El acceso funciona sin nadie en la caseta, pero hay cosas que hoy resuelve el guardia y que sin él no se cubren solas. Preferimos decírselas antes de que las descubra en su fraccionamiento.
El visitante teclea en el acceso el código de seis dígitos que le mandó el residente y la pluma abre, aunque se caiga el internet. Los residentes entran con su tarjeta, TAG o PIN. Todo queda en la bitácora.
Una ambulancia o los bomberos necesitan paso inmediato y no traen código. Sin guardia, alguien tiene que abrirles a distancia, al momento.
El familiar que llega de sorpresa, el proveedor que no se anunció, el camión de la basura o CFE: hoy el guardia los registra y le pregunta al residente. Sin él, se quedan afuera.
La captura de la identificación del visitante se hace con la cámara del sistema en la caseta. Donde el reglamento la exige, sin guardia no hay quién la tome.
Nadie recibe el paquete, le toma foto ni lo entrega con firma.
En el acceso se teclea el número; el QR lo lee la caseta. Sin guardia, el visitante usa los seis dígitos.
Si su fraccionamiento puede vivir con esas condiciones —o tiene quién atienda esos casos—, puede operar sin guardia con la misma plataforma. Y si hoy tiene guardia, el día que decida quitarlo no cambia el sistema ni se pierde el historial.
Visita Segura se abre en el navegador y se deja en la pantalla de inicio como cualquier otra aplicación, con su ícono. No es una limitación: hay razones por las que conviene que sea así.
El plomero, la tía, el de la paquetería: reciben un código o un QR por WhatsApp y entran. Si el acceso dependiera de que ellos instalaran algo, el sistema no serviría.
Cuando se corrige o se mejora algo, todo el fraccionamiento lo tiene ese mismo día — no cuando cada quien se acuerde de actualizar. En un sistema de accesos eso importa.
Pesa alrededor de un mega. Funciona en teléfonos viejos y en los que ya no tienen espacio para una aplicación más.
No puede leer sus contactos, su galería ni su ubicación — no porque prometamos no hacerlo, sino porque el navegador no se lo permite. La cámara sí se usa, para leer el QR y capturar identificaciones, pero solo si usted la autoriza y solo mientras la pantalla está abierta: no puede encenderse por su cuenta.
Para bajar una aplicación, aunque sea gratis, se necesita una cuenta de Apple o de Google en orden. Si el vecino olvidó su contraseña, tiene un problema con su método de pago o su cuenta está suspendida, no puede descargar nada. Aquí abre un enlace y listo.
Es una tablet compartida y los guardias rotan. Sin cuentas de tienda de por medio, si el equipo falla se reemplaza abriendo el navegador.
Para dar de alta a un vecino se le manda una liga, no instrucciones para buscar entre aplicaciones parecidas.
Se hace una sola vez, toma menos de un minuto, y después se abre desde su ícono como cualquier aplicación.
En iPhone las notificaciones solo llegan si la aplicación se agregó a la pantalla de inicio. Abierta en una pestaña de Safari, Apple no las entrega. Así que ese paso no es opcional para un residente: es el que hace que le avise cuando llega una visita.
En Android llegan de las dos formas, pero instalada se ve y se abre mejor.
Lo que pregunta el vecino que sabe de sistemas —en toda mesa directiva hay uno— antes de dar el sí.
El equipo del acceso siempre marca hacia afuera; nunca se abre un puerto hacia la red del fraccionamiento. Es la diferencia con quien le pide abrir el módem.
El equipo del carril valida el código contra su copia local y abre solo. No espera la respuesta de ningún servidor para dejar entrar a quien trae un código válido.
Identificaciones y evidencias viven fuera del área pública del servidor y se sirven solo con sesión. Se purgan solas al cumplirse el plazo de retención.
Cada acción sensible se registra con usuario, hora e IP.
Separación total de datos. Se entra con código de fraccionamiento, usuario y contraseña.
Corre en el navegador de cualquier celular, tablet o computadora, y se instala en la pantalla de inicio con su ícono.
Saque su cotización en línea en dos minutos, o escríbanos y lo vemos juntos.